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viernes, 5 de diciembre de 2008

La danza “de Manuel González”. Al César lo que es del César.

La danza

“de Manuel González”.

Al César lo que es del César.




Carlos M. Padrón


Durante los actos que con motivo de la Bajada de la Virgen de El Pino se celebraron en El Paso este verano, el viernes 01 de septiembre pasado asistí en horas de la tarde-noche a uno que en el programa

se anunciaban como “Danza de Manuel González”, nombre que nada me dijo pero, como varias personas me recomendaron que fuera a verlo, fui.


Cuando los músicos comenzaron a ensayar su parte, minutos antes de que se iniciara oficialmente el acto, apenas sonar los primeros acordes y los versos “El Paso de Arriba / henchido de amor /…” me vino de inmediato a la memoria la imagen de mí mismo—muy pequeño y mirando por sobre un muro al que apenas llegaba mi barbilla— observando alelado cómo a unos 50 metros sonaba eso que ahora yo escuchaba, y cómo unos muchachos y muchachas bailaban, al son de la música, moviendo sobre sus cabezas unos arcos cubiertos de flores.


Y entonces caí en cuenta de que lo que recordaba era que yo miraba desconsolado —pues, por muy pequeño, no me dejaban ir hasta el lugar de los hechos—, desde el patio trasero de mi casa natal —patio que lindaba con la casa de tío Pedro, un hermano de mi abuela materna—, y que ese acto de música, canto y baile tenía lugar en lo que llamábamos “el patio de cemento”, frente a la escuela de tío Pedro, por la que desfilaron generaciones de niños y jóvenes pasenses.


Extrañado, le dije a mi mujer: “¿Por qué anuncian esto como la “Danza de Manuel González” si estoy seguro de que lo que estamos oyendo es de tío Pedro?”.


Cuando finalizó el acto me puse a hacer preguntas, y, efectivamente, yo tenía razón. Me lo confirmaron personas que participaron en la primera presentación de esa danza, hecha en 1945 —cuando yo apenas tenía 6 años—, cuyos ensayos se hacían —me confirmaron también— en el “patio de cemento” de la escuela de Don Pedro Castillo. Y fe de lo mismo me dieron algunos de esos primeros participantes, como Alicia Padrón Ramos —quien me ha facilitado la foto que incluyo al final, en la que aparecen los 21 integrantes de la primera presentación de la danza (19 de ellos están también en la foto del programa de las fiestas), que tuvo lugar en 1945—, y Ramón Hernández García —el ejecutante de violín en la presentación de la noche del 01/09/2006—, quien me confirmó que Don Pedro Castillo era efectivamente el autor de la música y letra de esa danza, y me contó una anécdota de cuando Don Pedro le enseñaba a mejorar su ejecución de ese instrumento musical.



Ante esto, me hago el siguiente planteamiento.


La llamada “Danza de Manuel González” consta de tres componentes: coreografía, música y letra. Hasta donde pude averiguar, la coreografía es obra, iniciada en Cuba, de Don Manuel González Díaz, quien de vuelta ya en El Paso animó a familiares y amigos para presentar esa danza durante la Bajada de la Virgen de 1945. Por tanto, y en estricta justicia, el crédito que corresponde a Don Manuel es por un tercio de la danza y por la iniciativa de montarla en El Paso, lo cual justifica con creces que su nombre aparezca vinculado a ella. Nada más lejos de mi intención que restarle crédito a Don Manuel. Pero los otros dos tercios —música y letra— son ambos obra de Don Pedro Martín Hernández y Castillo, mejor conocido como Don Pedro Castillo.


¿Por qué siendo Don Pedro Castillo el autor de dos tercios clave de la danza, no aparece su nombre cuando se la menciona?.


No me digan que es porque se habla de ‘danza’ y que ésta, la parte coreográfica, es obra de Don Manuel González, pues, según ese rasero, y salvando las distancias, al anunciar el ballet “El lago de los cisnes” debería decirse que es de Marius Petipa y Lev Ivanov, autores de la coreografía, y no de Piotr Ilich Tchaikosky, autor de la música. Pero decir tal sería un enorme exabrupto, pues “El lago de los cisnes” se le atribuye siempre a Tchaikosky porque, ¿qué sería ese ballet sin música? Y, por lo mismo, ¿qué sería sin música la llamada “Danza de Manuel González”? ¿Qué vinculación tendría con El Paso y con su Virgen de El Pino si le faltara la letra,… que requiere de la música para poder ser cantada?.


Don Pedro Castillo, hijo de El Paso, tiene un enorme mérito, y de ello pueden dar fe aún muchos hijos de este pueblo, como los aún vivos de los que aparecen en esta foto, todos alumnos de Don Pedro, que fue tomada en el llamado “patio de cemento” de la escuela de Don Pedro Castillo, el 18 de julio de 1935, antes de salir todos en excursión a la Fuente del Pino.

Además de autodidacta, Don Pedro Castillo fue, por unos 20 años y para varias generaciones de pasenses, maestro de parte de lo que hoy llamamos kinder, educación primaria y secundaria (su escuela abrió a comienzos de los años 20 y cerró a comienzos de los 40); fue poeta, con libros de poesía publicados; fue compositor musical (su marcha fúnebre “Ante un cadáver” —por nombrar, de entre varias, la composición musical suya que más me gusta—, se ejecutó por años en El Paso, cada Viernes Santo, durante la ceremonia del Santo Entierro); fue ejecutante de instrumentos musicales, y fue director de orquesta y de banda de música (en el programa de las fiestas de El Pino de este año 2006 se le menciona como tal en la pág. 46, año 1911).


¿Sabe alguien de algún otro hijo de El Paso que, aunque sólo sea en el área de la docencia y divulgación de cultura en el pueblo, tenga un palmarés igual o mayor?.


¿Por qué entonces, me pregunto, habiendo sido Don Pedro Castillo un hombre de tal valía y ayuda para El Paso, no se lo menciona en relación con la danza en cuestión, sino que a ésta se la llama solamente “Danza de Manuel González”?



Continuar con esta práctica conlleva a dos errores:

1. Poner a Don Manuel González a ganar indulgencias con escapulario ajeno, cosa que dudo que le gustaría, pues, al margen de este asunto, lo recuerdo como un hombre afable y de bien que varias veces me curó de empacho; y,


2. Privar a Don Pedro Castillo del justo reconocimiento por su aporte.



Por favor, al César lo que es del César.


Sé que en los tiempos del franquismo la tribu de caciques de turno en El Paso —entonces cada pueblo solía contar con la suya— tuvo interés en opacar la importancia y relevancia de Don Pedro Castillo, y en escatimarle sus más que merecidos reconocimientos. Nunca he sabido por qué, pues no he encontrado motivo alguno que justifique tal injusticia, como no fueran celos, tal vez mezquinos intereses políticos (aunque Don Pedro Castillo, que yo sepa, no incursionó en política), o, y más probablemente, porque él no tuvo hacia esos caciques el servilismo, sumisión y pleitesía que ellos esperaban.


Sin embargo, los integrantes de esa tribu murieron todos hace muchos años y eso, al igual que el franquismo, quedó atrás, o quiero suponer que así ha sido. Entonces, ¿qué motivo existe aún para que los actuales responsables de rescatar la historia, costumbres y perfiles de los personajes destacados de nuestro pueblo de El Paso —labor que, según pude constatar, han hecho y siguen haciendo muy bien los integrantes del Comité de Cultura del Ayuntamiento, con Andrés Carmona actualmente a la cabeza— continúen sin darle a Don Pedro Castillo el crédito, puesto y reconocimiento que en justicia merece?.


Si alguien sabe la respuesta, por favor, que me la diga.


***

Ésta es la foto, cortesía de Alicia Padrón Ramos, en la que aparecen los integrantes de la primera presentación de la para mí injustamente llamada hoy “Danza de Manuel González”, que tuvo lugar en 1945. Dada la época en que fue tomada la foto, no cabe esperar buena calidad.

Si alguien tiene dudas sobre lo que acerca de Don Pedro Castillo y la danza de marras he dicho aquí, que pregunte a alguna de las personas que aún viven de las mencionadas en la lista que sigue.


De arriba hacia abajo, y de izquierda a derecha.


Primera fila (7):
1. Roberto Padrón Sosa
2. Erundino González García (fallecido)
3. Miguel Ángel Fernández Lorenzo (fallecido)
4. Raúl González García (fallecido)
5. Manuel (Melo) Pérez González (fallecido)
6. Miguel Taño Acosta (fallecido)
7. Felipe Pino Díaz.

Segunda fila (9):
1. Armando Rocha González
2. Olga Mederos González
3. Carmen Nola Cáceres Castro
4. Teresa López Pérez
5. Luisa Padrón Díaz
6. Elia María Mederos González
7. Edita Hernández Gómez
8. Alicia Padrón Ramos
9. Ángel Guerra González (fallecido).

Tercera fila (5):
1. Ramón Hernández García
2. Teresa Taño Acosta
3. Zenaida Afonso González (fallecida)
4. Zoraida Padrón Ramos
5. Aníbal Hernández Gómez (fallecido).


Músicos: Armando Rocha González, Aníbal Hernández Gómez, y Ramón Hernández García.

Solistas: Teresa Taño Acosta, Zeneida Afonso González, y Zoraida Padrón Ramos. El resto fungían como coro.


La Banda Municipal de música de El Paso / Wifredo Ramos

La Banda Municipal

de música de El Paso /

Wifredo Ramos



Wifredo Ramos Herández es Cronista Oficial de la Ciudad de El Paso
(Artículo publicado en la revista ‘Acorde’ en 03/2006)


Entre todas las actividades anuales de la Banda Municipal de El Paso, destaca sobremanera una, muy especial, que aquí merece, cuando menos, una mención pormenorizada: en el mes de agosto del año pasado, la Banda realizó un brillante desfile en el parque temático de EuroDisney, en París. con motivo de la inauguración de la cabalgata donde participan todos los famosos personajes de Disney. En su recorrido multitudinario (según datos de la organización del parque, se estima que había más de 60.000 turistas) la Banda interpretó con gran éxito los pasodobles «Lagartijillas» y «Paquito el chocolatero», y las marchas «Ganando Barlovento» y «Barras y estrellas».

El resto del día, los componentes de la Banda lo pasaron disfrutando de las atracciones de EuroDisney, viviendo una jornada inolvidable.


Su estancia en París se prolongaría durante una semana, con excursiones y visitas a los lugares más emblemáticos de la capital francesa: Versalles, la Torre Eiffel, el Sagrado Corazón, el Barrio Latino, viaje por el Sena, etc. El céntrico alojamiento de la Banda, situado en la Ciudad Universitaria, permitió al grupo moverse con facilidad por las zonas de mayor interés turístico y cultural de la ciudad, y, al mismo tiempo, supuso la siempre enriquecedora convivencia con estudiantes de otros países.


Es la primera vez que una formación musical canaria actúa en EuroDisney-París, por lo que los responsables del municipio pasense consideran que se trata de un «acontecimiento» de gran relevancia con el que se ha dado a conocer, fuera de nuestras fronteras, la valía artística de nuestra Banda de Música.


Las referencias de una banda musical pasense surgieron con motivo de celebrarse el 25 aniversario de la creación del Municipio de El Paso, en el año 1862, siendo su director Don Vicente Capote.


El año 1895, en el periódico La Defensa se cita: «Como público se sabe, el instrumental de la banda de música fue comprado por suscripción popular».


En 1900, se refiere que la banda de música de El Paso asiste a la Bajada de la Virgen de Las Nieves, fiesta lustral de Santa Cruz de La Palma.


Se forma en 1911 la «Banda de los Liberales», pues el líder liberal en La Palma, Don Alonso Pérez Díaz, fue quien, para oponerse al bando conservador, donó al pueblo de El Paso los instrumentos que poseía una vieja banda. Director de la nueva banda resultó nombrado Don Pedro Martín Hernández y Castillo.

En las fiestas cívico-religiosas de la entronización de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, en El Paso (1939), actuaron la «Banda Pérez Díaz» y otras tres del Valle.


En sesión de la Comisión Municipal (folio 62), siendo alcalde Don Manuel Fermín Sosa Taño (período 1927-30), se acuerda declarar como municipal y patrimonio cultural a la banda de música que dirige Don Pedro Martín Hernández, destacado músico, pedagogo y poeta.


Hacia finales de la década de los cuarenta, la Banda se quedó sin el citado director, Don Pedro Martín Hernández, por traslado de éste a Tenerife, pero no por ello El Paso dejó de tener su banda de música que fue dirigida sucesivamente por Don José Pérez y Pérez, Don José Salazar Pérez, Don Lenín Brito Lorenzo, y Don Vicente Simón González. A continuación se formaría un Patrimonio Musical con gestión del músico Don Pedro Páez Pérez.


A través de la recopilación de datos de las actuaciones de la Banda Municipal, se observa que ha desarrollado una diversa labor en distintas etapas y fiestas: Nuestra Señora de Bonanza, Sagrado Corazón de Jesús, Corpus, Nuestra Señora de El Pino, Cruz de Las Canales, y otras.


En los programas de las fiestas de Nuestra Señora de El Pino de 1946, 1955 y 1958 se menciona que los actos serán amenizados por una banda de música.


Del año 1984 se cita un concierto de la Banda de Música. Desde el mes de octubre de 1987, concierto de la Banda Municipal de El Paso, dirigida por Don Vicente Simón González, con motivo del 150 aniversario del Municipio.


En los años 1993-1995 se harán cargo de la Banda Don Jonás Grimón Lorenzo y Don Alberto Enguinados Rosalén.

El mes de octubre de 1995 es contratado el joven director Don José Manuel Cerveró Pizarro, quien inicia el funcionamiento del Aula Municipal de El Paso, que alcanza el número de 120 alumnos de ambos sexos.


Hacia 1996 comienzan los Encuentros Internacionales de Música Ciudad de El Paso, siendo su fundador el profesor Don Guillermo Valverde Bravo, director de numerosas orquestas y bandas, con brillante historial y residente en Valencia (España), quien se presenta como único profesor y director artístico. En los años siguientes impulsa actividades en las que la Banda Municipal participa como conjunto fundamental en el desarrollo de la práctica y difusión musical en El Paso.


El año 1997 se realiza un homenaje a Don Vicente Simón González, con concentración insular de bandas y desfile en la avenida José Antonio. Por la noche, concierto-homenaje con intervención de las bandas participantes.


En el VII Encuentro Internacional (2002), asistimos por primera vez, y pudimos disfrutar de varias actuaciones, sorprendidos por su calidad, proyección didáctica y elenco de profesores prestigiosos, entre éstos Karl-Heinz Bloemcke, alemán y director de ópera; Armando Toledo, quien obtuvo becas en Rusia y Francia; Sviatoslav Belogonov, quien fue solista de la Orquesta Sinfónica de Moscú; Elena Solanes, de Valencia; Dante Andreo, de Argentina; Silvia Reiss, de Alemania y que trabaja con niños y adultos; etc.


Entre otros actos se citan: Concierto Homenaje a los Directores de la Banda Municipal de El Paso, director Don Guillermo Valverde; Orquesta Sinfónica; I concurso y I premio de de Dirección de Banda «Ciudad de El Paso». El profesor Valverde manifestó que se trataba de un hecho histórico para El Paso, por el primero de dirección convocado.

Entre otras actividades de la Banda Municipal pasense, en la última época ha actuado en distintos pueblos de La Palma, El Hierro (1996), Silla (Valencia, 1997), La Gomera (1998); Helmstedr, Goslar, Werferlingen, y Exposición Universal de Hannover (Alemania, 2000); Vigo, Santiago de Compostela y Caminha (Portugal, 2002). Además, ha participado en fiestas de otros municipios de la Isla, y en los eventos y concentraciones, a nivel insular, de bandas de música, con motivo de la festividad de Santa Cecilia, patrona de la música. Permanece como director el citado Cerveró Pizarro.


En el año 2005, el X Encuentro Internacional se ha desarrollado con una especial organización por el póstumo «Homenaje a Guillermo Valverde Bravo», director artístico durante nueve encuentros. Habiendo participado en el IX Encuentro (2004), a los dos días de despedirse de La Palma falleció en Sueca (Valencia), el 3 de agosto, causando una profunda tristeza. El Ayuntamiento convocó el IV Premio de Música «Guillermo Valverde» en la especialidad de canto para jóvenes. Diversas participaciones se reflejan en el amplio programa, con la asistencia de una decena de prestigiosos profesores, directores de curso y agrupaciones, entre las que tuvo una destacada actuación la Banda Municipal de El Paso. Ese mismo año, esta banda actuó en Disneyland-París.


DE LA VIDA E MI ABUELA MATERNA PETRONILA GONZALEZ GUELMES

Valores humanos

de mi pueblo:

Doña Petronila González Guélmez

/ Ismael González G.



A pesar del cariño y agradecimiento que le profesé a tía Nila —pues, según me contaron, con el arrojo y decisión que le eran característico me salvó la vida cuando apenas tenía yo 16 meses de edad —, después del panegírico que sigue me pregunto a qué vocabulario habría recurrido don Ismael González si hubiera tenido que escribir uno referido a Leonardo Da Vinci o Miguel Ángel Buonarroti.


Tal vez por eso que tía Nila hizo conmigo; por el cariño que desde entonces me tomó; porque durante mi infancia pasé mucho tiempo en su casa, para llegar a la cual sólo tenía yo que caminar 20 metros desde la mía; porque la escuela a la que primero asistí fue la de tío Pedro, también al lado de mi casa; por otros motivos que, dada mi corta edad, escaparon a mi memoria consciente; por el tiempo que pasé con ella y con un ya muy deteriorado tío Pedro, cuando iba yo en verano a presentar en Santa Cruz de Tenerife exámenes de bachillerato y me dejaban quedar allí un mes, en casa de tío Pedro y tía Nila, si los aprobaba. Tal vez por la gran influencia que por todo eso tuvieron ellos en mi formación, dos esotéricos que de mi vida nada sabían, y que estaban en países diferentes, me dijeron, también en momentos diferentes, que yo tenía unos segundos padres.


Tía Nila, tío Pedro y Carlos Padrón. Foto de mi colección tomada frente a la iglesia de San Agustín, en La Laguna (Tenerife).


Como no creo en casualidades, sólo puedo pensar que se referían a tío Pedro y tía Nila, con quienes mantuve estrecho contacto durante los primeros 22 años de mi vida.


Carlos M. Padrón

***

Ismael González G.

(Artículo publicado en el Diario de Las Palmas, Canarias, el 25/03/1972, con esta foto:

La personalidad de doña Petronila González Guélmez constituye una institución en su decidida aportación a la influencia vocacional artística —pintura, dibujo, y labores decorativas del hogar—, manifestada con la presencia que su auge esplendoroso tuvo en la juventud del sexo femenino pasense, exactamente en el período de enseñanza de doña Nila, como familiarmente se la llamaba.


Ni antes ni después se ha conseguido en El Paso aunar en la juventud un deseo de expresión artística, tan natural, imaginativo y acentuado como cuando se conjugaba el verbo enseñar en el colego “El Paso”, de don Pedro Martín Hernández y Castillo (don Pedro Castillo) y su señora esposa, doña Petronila González Guélmez (doña Nila). Verbos conjugados, repito, en una extensa gama de actividades ilustrativas.


Importa mucho decir que, para los años de nuestra mujeres de más de 50, no es aventurado pensar que colgado en la sala de un elevadísimo número de hogares del pueblo hubiera un lienzo en óleo, o una cartulina en carbón o acuarela, salido del estudio pictórico, abierto a sus discípulos a quienes doña Nila iniciaba, y supervisaba después, en esa ocupación liberal donde se expresan en colorido las facultades imaginativas o naturales captaciones del artista.


Doña Nila (la cuarta, de izquierda a derecha, de las que aparecen detrás de la mesa) con algunas de sus alumnas,… que no sé quiénes son.
Foto tomada de la portada del programa de la exposición artística hecha en El Paso con motivo de las fiestas de la Virgen de El Pino durante agosto y septiembre de 1997.


La calidad artística de doña Petronila González Guélmez es interesantísima, por compleja, en el desempeño de sus funciones como productora y profesora. Su instrucción autodidacta, que adquirió en su pueblo de El Paso, la lleva a una posición de superior categoría dentro del escaso número de individuos privilegiados en captar, por intuición, los particulares fenómenos naturales, y en plasmarlos fielmente para recreación de los profanos e inspirados en una amplitud de ideas perceptibles en una mente fiebrosa de agitadas convulsiones artísticas, revelarlas, y exteriorizarlas sensiblemente comprensibles a nosotros, los ignorantes.


El que doña Nila fuera una matrona ejemplar como madre —y raíz de una dinastía de artistas sensitivos, principalmente en el campo de la música— no fue en ella óbice para que se entregara, con una dedicación entrañable, al gran influjo de su pasión educativa. En sus manos hacendosas en los quehaceres domésticos, que nunca desdeñó, se operaba un sortilegio enigmático cuando la mente le dictaba ideas que iban tomando formas de flores o paisajes bajo la sabia disposición de rasgos y manchas impregnados en el lienzo por el sutil pincel que producía una pintura grácil, emotiva y sentimental.


Doña Petronila González Guélmez ha dejado en El Paso una honda huella en la incursión de su polifacético quehacer artístico. La profundidad imaginativa en sus creaciones de dibujos, pinturas, bordados en telas, etc., no ha podido ser marginada por este avasallador esnobismo que estamos padeciendo en todos los órdenes comunes a nuestro vivir contemplativo actual.


Tenía doña Nila la peculiar semblanza de una mujer pensadora y observadora que se manifestaba en una mirada fúlgida y relampagueante, humanizada por las múltiples circunstancias a las que se debía en su condición de esposa, madre, y de artista de amplias concepciones para ejecutar y suministrar enseñaza a los demás.


Si los pueblos se deben en cultura a sus hijos preclaros, El Paso es un caso de significativa deuda con doña Nila y don Pedro, su esposo, amantísimos educadores, y ejemplares guías de sus hijos y de los hijos de tantos y tantos padres pasenses.


De doña Petronila dijo su esposo, en un sentimental poema dedicado a ella:


Mujer, por tu pasión
latir siento en mi pecho
en ansias ya desecho
mi ardiente corazón.

Esto nos hace comprender la sólida armonía conyugal existente en dos seres afines, ejemplares, y la apreciación delicada, sentida, que don Pedro, en su calidad de hombre dimensional, remansaba en su corazón, con rescoldo tibio, hacia su esposa. Rescoldo, calor y aliento correlacionados hasta la plenitud en unas facultades exquisitas, por la esposa amante, por la mujer sensitiva y la artista genial que era doña Petronila González Guélmez.


También yo, en mis calenturientos soliloquios, en arrebatos histéricos de un pensar vacilante, he dicho de doña Nila:


¡Qué profunda sensación
de grandeza en la mirada!
¡Qué sublime emanación
de su fértil pensamiento!

¡Qué tangible se nos muestra
sobre su frente nimbada
esa gran clarividencia
de mujer privilegiada!

¡Qué pena sea marginado
su prodigioso talento!


Es nuestro deseo —o mi deseo— que este simple escrito sirva para despertar el letargo operante en alguno de mis documentados paisanos, y éste se apreste a una tarea reivindicadora en méritos a personalidades tan egregias como doña Petronila González Guélmez, una más de los Valores Humanos de mi pueblo.


DE MIS ABUELOS COMO MAESTROS DEL PUEBLO DE EL PASO DE LA ISLA DE LA PALMA

La eficacia del

“Colegio El Paso”

/ Ismael González



Ismael González
Artículo publicado en el periódico El Día (Canarias), el 19 de agosto de 1987.


En el periódico Diario de Las Palmas, el viernes 24 de marzo de 1972 iniciamos una serie de publicaciones bajo el título “Valores humanos de mi pueblo”. La introducción a tal serie estuvo a cargo de mi dilecto amigo, maestro de EGB y periodista, José Manuel Balbuena Castellano.


Se da la circunstancia de que el primer personaje —a quien seguirían otros más— fue don Pedro Martín Hernández y Castillo.


Al siguiente día, el 25 de marzo de 1972, en el mismo periódico fue publicado otro escrito concerniente a doña Petronila (Nila) González Guélmez, esposa de don Pedro.


Ambos, don Pedro y doña Nila, así conocidos popular y cariñosamente, fueron inseparables educadores que rindieron jugosos frutos a la culturización en diferentes fases educacionales pero convergentes en un determinado punto de positiva enseñanza, tal como la música, el dibujo, la pintura, las Letras, las Matemáticas, y el cuidado de la inteligencia en general.

Al llegar a nuestra manos las dos fotografías que ilustran este artículo [1], no hemos podido resistir la tentación de volver sobre nuestros pasos de recordación, y sobre la temática que, en su día, nos impulsó a hablar de estos personajes: dos entrañables paisanos que dieron por entero su vocación a la docencia, a “desasnar” y culturizar a una gran parte de nuestro coterráneos pasenses.


He de decir que no fui alumno de don Pedro, aunque sí lo fue mi esposa, que figura en primera fila, a la izquierda, de la fotografía de hembras, “forrada” de negro desde el gorro hasta los zapatos; tenía para entonces 10 años de edad.

Pero sí fui uno de los integrantes de la banda de música que dirigía don Pedro, quien, pacientemente, iba formando elementos entre la juventud masculina para que, en cierta medida, “aquello sonara” aceptablemente. Se esforzaba en hacernos “entrar en camino” con el instrumento y con la verdad de la composición.


Yo tocaba clarinete, y ¡hay que ver los apuros de don Pedro para “meterme en cintura”! Parte de la pieza la tocaba yo de oído por no saber solfear lo escrito. ¡Cuantas veces el bueno de don Pedro se acercó a mí para decirme: «Ismael, cabeza de alcornoque, silencia ese pasaje si no eres capaz de sacarle la pureza de la música que contiene»!. Y así perseveraba don Pedro en uno y otro ensayo, y con uno y otro mal aficionado, para conjuntar la coordinación de lo que él deseaba, lo que debía ser.


Don Pedro Castillo —popularmente así conocido— no solamente era músico: era escritor, poeta, orador, maestro de insospechadas dotes para la enseñanza, y para meter en la “cabeza de alcornoque” de sus discípulos —con el correspondiente coscorrón a los muchachos— la luz del conocimiento, que él, vocacionalmente, deseaba hacer brillar por el saber de hombre estudioso que generosamente transmitía, con una voluntad sin límites puesta al servicio de sus alumnos.


Afortunadamente, hace ya algún tiempo que en nuestro pueblo existe una calle céntrica que lleva el nombre de Don Pedro Martín Hernández y Castillo, nombre que don Pedro se ganó con merecidos méritos.


Pero nuestra reseña estaría incompleta si no nos ocupáramos sucintamente de la personalidad de doña Petronila (Nila), aunque ya dijimos que al matrimonio Martín-González nos habíamos referido separadamente en anterior ocasión, en la serie “Valores humanos de mi pueblo”, en la que hablamos de doña Nila con el subtítulo “Semblanza de una mujer ejemplar”, pues, en efecto, así fue doña Nila, una mujer ejemplar, es decir, una institución por su aportación y dedicación a la enseñanza —en particular de dibujo, pintura, labores manuales, bordado e instrucción en general—, hacia las jóvenes pasenses.


Nos atrevimos a decir entonces, al referirnos a doña Nila, que “Ni antes ni después se ha conseguido en El Paso aunar en la juventud un deseo de expresión artística, tan natural, imaginativo y acentuado”.


La calidad artística de doña Petronila González Guélmez es interesantísima. Su cultura autodidacta —como la de don Pedro— fue extraordinaria. Era como una hemorragia que fluía y se desbordaba de su mente, y se materializaba en la sutileza del pincel, en los bordados en tela, y, en general, en la profundidad creativa de las imágenes. Recordamos muy bien a doña Nila manifestándose en la mirada relampagueante, escudriñadora y humanizada a la vez.


En las fotografía que ilustran este escrito podemos observar el sistema pedagógico que usaban don Pedro y doña Nila, con esas excursiones que solían hacer en determinadas fechas, principalmente a las poblaciones del Valle de Aridane —realmente, sólo a Los Llanos, ya que para entonces no se había segregado Tazacorte—, excursiones con las que pretendían que sus alumnos tuvieran acceso a una visión del mundo exterior fuera de lo circunscrito a la monotonía de la asistencia periódica al colegio.


La fecha en que fueron tomadas las fotografías de que hablamos corresponde al año 1925 y, en esa mirada retrospectiva, podemos considerar retazos de la historia y de las vivencias existentes, donde, desde las féminas más pequeñas hasta las de mayor edad, se ven ataviadas con el imprescindible tocado y el vestido, acordes con las exigencias de la moda imperante.


Si los pueblos deben su cultura a los maestros que cultivan la inteligencia de las consiguientes alternativas generacionales de personas, El Paso tiene una deuda de gratitud con este matrimonio ejemplar, el formado por don Pedro Martín Hernández y Castillo, y doña Petronila González Guélmez, pues ellos pusieron todo el bagaje de su saber a la orden de quienes quisieron servirse de sus enseñanzas.


Valgan, pues, estos rasgos recordatorios como sentido homenaje de este periodista hacia aquellos nobles paisanos que dejaron honda huella, de indudable buen hacer, en la cultura de nuestro pueblo de El Paso.


***

[1] NotaCMP.- Estas fotos aparecen en el recorte de prensa que llegó a mi poder y desde el que copié el texto del artículo precedente, pero, precisamente por eso, porque están impresas en un viejo recorte de prensa, las fotos son de mala calidad. Esto no obstante, las reproduje arriba, pero de mi colección van aquí también otras dos sobre el mismo tema y que tienen mejor resolución.

HISTORIAS DE MIS PRIMOS RAÚL Y CARLOS Y DE MI ABUELO PEDRO QUE APARECE EN UN DIBUJO TOCANDO UN CORNETIN. CARLOS SIGUE VIVO, PERO RAUL MURIÓ, QEPD

[*ElPaso}--

De la juventud y carácter

de mi hermano Raúl

(Corregido)



Nota.- Reedito este artículo, publicado inicialmente el 30 de marzo de 2007, para incluir la corrección que he puesto al final, y que ha llegado más de 60 años después del hecho al que se refiere.



Carlos M. Padrón


Cuando yo tenía 17 años hacía pasar por mía alguna foto que Raúl se había tomado cuando tuvo también 17. Nuestro parecido iba más allá, sin embargo él era muy popular (carismático), extrovertido, sociable, exclusivista y un tanto hedonista, pero yo —pareciéndome más en esto a Tomás, mi otro hermano— poco tengo de popular, y soy más bien introvertido, poco dado a alternar en sociedad, más bien estoico, y antes que una boutique prefiero JCPenny. Raúl amaba el mar, que yo detesto, y yo amo la montaña, que él detestaba; y tanto la detestaba que si por algún motivo la noche le sorprendía estando en montaña, se deprimía. Él gustaba de las flores, y yo, al igual que mi hermano Tomás, de los animales; las flores sólo me gustan si no me estorban.


Fueron notables las dotes que en su juventud exhibió Raúl para la música y el dibujo. Lo de la música se debió tal vez a la proximidad, familiar y física, con tío Pedro Castillo, pues su casa y la nuestra (la casa en la que Raúl vivió desde los 7 a los 21 años, y la misma en la que nací y viví hasta los 18) estaban una al lado de la otra, formando ángulo recto. Esa proximidad facilitó el que recibiera del tío Pedro clases de música.


Como músico, Raúl fue por años el trompeta titular de la Orquesta Power, la única que había en el pueblo de El Paso, y formando parte de ella puede vérsele en esta foto que fue tomada, según creo, en 1945:


De izquierda a derecha.
Fila delantera: 1) José Salazar, 2) José Agustín Toledo (Cheo Ventura), 3) Raúl Padrón, 4) Antonio Afonso (Antonio Canón), y 5) Eliseo Calero.
Fila trasera: 1) Ismael de Paz, 2) [No sé quién es. ¿Sabe alguien?], y 3) Vicente González (Berto el de la botica).


Y como trompeta de la Orquesta Power visitó muchas veces varios pueblos de la isla en los que esa orquesta había sido contratada para amenizar bailes, verbenas y fiesta populares. De ahí que media isla lo conociera, y que cuando tiempo después me veían a mí, que soy 14 años menor que Raúl, me decían: ”Tú eres familia de Raúl Padrón”.


Como dibujante “a mano alzada” hizo varios retratos/dibujos de los cuales sólo han llegado a mí tres, a saber:


1) Tío Pedro, el mencionado más arriba, tocando el cornetín.

Esto le granjeó a Raúl las iras del tío Pedro que no le vio la gracia al dibujito.


2) Éste, de Pilar Primo de Rivera,…. según creo recordar.

que hizo Raúl en una especie de concurso celebrado en un campamento del Frente de Juventudes, al que asistió medio obligado; un episodio que no le gustaba mucho recordar.


3) Su “opera prima”, por la que aún es recordado, que se la inspiró una carrera de caballos, deporte hacia el que siempre hubo, y hay, en La Palma mucha afición, y que suele ser el plato fuerte de las fiestas patronales. Estas carreras eran, y siguen siendo, sólo entre dos bestias (caballares o mulares), de ahí que me sorprendiera mucho ver en el cine, donde la vi por primera vez, una carrera entre varios caballos.


En la isla de La Palma, esas carreras eran de fondo, o sea, de largo recorrido y por caminos muy cuesta arriba las más de las veces, y los jinetes tenían que saber dosificar las energías de su cabalgadura. Para ello, y durante algunas semanas antes de la carrera, las corrían —entrenaban— dos o tres días cada semana por la misma vía por la que transcurriría la carrera oficial, y muchos vecinos salían a presenciar esos entrenamientos, a medir el largo de las zancadas del animal, cronometrar los tiempos que hacía entre un punto y otro, si el jinete lo llevaba o no frenado, etc.


Es el caso que en la primera mitad de los años 40 había en Los llanos de Aridane un caballo de nombre El Rancho Grande que estaba invicto en toda la Isla, y su jinete oficial era conocido por el apodo de El Cambao —tal vez porque por un defecto físico andaba como la Torre de Pisa— y, como casi todos los jinetes, era pequeño de estatura.


Para una fiesta a celebrarse en La Breña o en Mazo —no he conseguido averiguar con certeza en cuál de los dos, pero ambos pueblos están al Este de la Isla— se había pactado una carrera entre El Rancho Grande y otro caballo que, hasta donde sé, no tenía nombre propio.

El día de la carrera, cuya meta estaba en la Montaña de La Breña, la expectación fue total, pero casi a la mitad del trayecto y cuando El Rancho Grande iba punteando, en una extraña contorsión que hizo botó a El Cambao y, para asombro de todos, siguió corriendo sin jinete y mirando a ratos hacia atrás como para percatarse de cuán cerca le seguía su contendor que sufría fuerte castigo de su jinete ya que para éste era vergonzoso que no pudiera ganarle a un caballo que corría solo y, teóricamente, fuera de control.


Pero lo de “teóricamente” se quedó en eso, y no pasó a reales porque El Rancho Grande siguió corriendo por su cuenta, sin desviarse ni distraerse, todo el trayecto que le faltaba hasta la meta; traspasó ésta antes que su rival, ganando así la carrera, y sólo entonces se detuvo. Fue algo como una demostración de que perder, con o sin jinete, no era para El Rancho Grande una opción aceptable.


Las discusiones acerca de si esa victoria había sido válida o no fueron por meses el tema número uno en los bares y otros lugares públicos de media Isla, y mi hermano Raúl, inspirado sólo en lo que al respecto escuchaba de unos y otros —pues él no había presenciado la anecdótica y controversial carrera—, y a falta de testimonios gráficos (no creo exagerado afirmar que entonces no eran muchos los que en La Palma tenían cámaras fotográficas) hizo —a mano alzada, como siempre— el dibujo que sigue, que refleja con bastante exactitud el principal y anecdótico incidente de la carrera en cuestión: a todo galope, El Rancho Grande, sin jinete y sueltas sus riendas, mira hacía atrás como calculando la distancia que le separa de su competidor, que recibe castigo de su montura para que corra más rápido.


Como tampoco había entonces fotocopiadoras, todos pedían ver el dibujo de marras, y un día Mediometro, el único fotógrafo de El Paso, a quien ya mencioné en Por qué vine a Venezuela tuvo la viveza de pedirle prestado el dibujo a Raúl, y éste tuvo la falta de viveza de prestárselo sin ponerle condiciones. Mediometro fotografió el dibujo, hizo cientos de copias de la foto resultante, y las vendió a buen precio por toda la Isla,… sin darle a Raúl ni un céntimo de la ganancia así obtenida.


Un par de veces, hace muchos años y después de que Raúl había emigrado ya a América, algunos vecinos del pueblo me mostraron la foto del dibujo, todavía popular, de la famosa carrera, pero nunca había visto yo el original, hasta ahora que, a la muerte de mi hermano, me fue obsequiado, y es el que reproduzco hoy aquí. El tiempo y los dobleces han hecho estragos en él, pero aún se ve bastante bien.

***

Una de las canciones preferidas de Raúl era “My way” (A mi manera), en la voz de Frank Sinatra. La escuchaba con deleite una y otra vez aunque no entendía al detalle la letra pero sí su sentido.


Un día de lulio de 2005 recibí un PPS con la música y la letra original de “My way” cantada por Frank Sinatra. De la letra hice la traducción menos literal que pude, la intercalé en el PPS con la letra en ingles (la original), y un día que Raúl vino a mi casa lo senté frente a mi PC y mientras absorto escuchaba a Sinatra cantando “My way” iba leyendo en el monitor la traducción al español que yo había hecho para él.


Cuando terminó el PPS se levantó, y con lágrimas en los ojos y una gran determinación en su voz, quebrada por la emoción, me dijo: “Sí señor, ¡a mi manera!”.

(Para escuchar la canción y ver la letra, clicar en el título precedente o AQUÍ).


Y a su manera vivió mi hermano Raúl hasta que al final del camino enfrentó la ‘bajada del telón’ que menciona esta canción que hoy. al cumplirse tres meses de su muerte, he escuchado una vez más como un tributo póstumo a su memoria, deseando, más que esperando, que dondequiera que esté, esté en paz y no tenga nada de que arrepentirse por haberlo hecho,… a su manera.


***

Tal parece que lo que aquí relaté acerca de la carrera que dio pie al dibujo de mi hermano es lo que ahora llaman una “leyenda urbana”, pues mi primo Pedro Bravo Padrón, coetáneo de mi hermano Raúl y persona que me merece total crédito, leyó la versión original de este artículo, y con fecha 20/11/2008 me contó lo siguiente:


Carlos, la carrera fue entre un mulo y el caballo Rancho Grande. La presencié personalmente, y puedo atestiguar que comenzó en Bajamar (después de la salida del túnel en dirección Santa Cruz de La Palma → Las Breñas), y se desarrolló por la carretera hasta la montaña de La Breña, pasando por San Antonio de Breña Baja hasta llegar a la confluencia de la carretera que viene de San Pedro (Breña Alta).


Yo, que sólo presencié la llegada, estaba situado como a doscientos metros de la meta y vi que el mulo sí llegó, pero el caballo no apareció.


El jinete del mulo era Pedro Batista, compañero mío de primero y segundo año de Bachillerato, e hijo del dueño del mulo, quien era también dueño de un negocio que estaba justo en la unión de las carreteras de las dos Breñas.


Las informaciones posteriores fueron que el caballo tumbó al jinete, y que lograron detenerlo. Después hubo conversaciones, comentarios y discusiones en uno y otro sentido, y no sé cuál fue el final, pero de lo que si puedes estar seguro es de que el caballo no llegó a la meta, ni solo ni con jinete.

FÍSICA Y QUÍMICA - IES LUCAS MARTÍN ESPINO DE ICOD DE LOS VINOS - TENERIFE